Tercera parte del Retorno a Freud. La representación y el significante.

¿De dónde provienen los conceptos con los que pensamos el inconsciente? Uno de ellos es la representación (Vorstellung), una noción que Freud toma de la filosofía del siglo XIX y transforma profundamente hasta convertirla en una pieza central de la metapsicología. Décadas más tarde, Jacques Lacan releerá ese mismo concepto desde la lógica del lenguaje, con un nuevo estatuto bajo el nombre de significante.
Franz Brentano (1838-1917), filósofo y psicólogo alemán, fue profesor de Sigmund Freud en la Universidad de Viena entre 1874 y 1876. Durante esos años, Freud asistió a varios de sus cursos y encontró en ellos una rigurosa formación filosófica que dejaría huellas en su pensamiento posterior (González Chauvet & Capetillo Hernández, 2017). En su obra Psicología desde el punto de vista empírico, Brentano sostiene que toda vida psíquica se caracteriza por la intencionalidad: todo acto de conciencia está dirigido hacia un objeto. Como afirma el propio autor, “en la representación (Vorstellung) algo es representado; en el juicio algo es aprobado o rechazado; en el amor, algo es amado; en el odio, algo es odiado; en el deseo, algo es deseado” (Brentano, 1874/1926). La representación constituye, para Brentano, el acto psíquico fundamental sobre el que se apoyan el juicio y los fenómenos afectivos.
Freud conservará el término Vorstellung, pero modificará profundamente su significado. Aunque rara vez menciona explícitamente a Brentano, la noción de representación atraviesa toda su metapsicología y adquiere un lugar privilegiado desde Sobre la concepción de las afasias (1891). Allí comienza a abandonar una concepción fisiológicamente localizacionista del funcionamiento psíquico para pensar en el estatuto, ampliamente desarrollado más adelante, de un aparato psíquico. La representación deja de ser un acto consciente dirigido hacia un objeto para convertirse en una huella mnémica, es decir, en una marca dejada por una experiencia cargada de excitación en el aparato psíquico. Lo decisivo ya no es la intención de la conciencia, sino la inscripción que permite que una experiencia cargada de excitación, pueda ser recordada, asociada, reprimida o reaparecer bajo nuevas formas.
Este desplazamiento alcanza su mayor desarrollo en la metapsicología de 1915. En La represión, Freud distingue entre representación y afecto, mostrando que ambos siguen destinos diferentes dentro del aparato psíquico. Lo reprimido no es el afecto en sí mismo, sino el representante de la representación (Vorstellungsrepräsentanz), mientras que el afecto puede desplazarse, transformarse o reaparecer como angustia (Freud, 1915). Esta formulación resulta decisiva porque sitúa la represión en el nivel de las representaciones y no de los afectos. El inconsciente no se encuentra constituido por afectos reprimidos, sino por representaciones que continúan actuando fuera de la conciencia.
Será Jacques Lacan quien otorgue una nueva formulación. En Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953), propone que el verdadero hallazgo de Freud sólo puede comprenderse a partir de la estructura del lenguaje. El inconsciente no está organizado por imágenes, emociones, ni por contenidos psicológicos, sino que está estructurado como un lenguaje, es decir, por significantes que se encadenan como las palabras. En este contexto, la representación freudiana es releída por Lacan como aquello que representa al sujeto dentro de una cadena significante. El célebre aforismo lacaniano según el cual el inconsciente está estructurado como un lenguaje no reemplaza a Freud, sino que radicaliza su descubrimiento mostrando que las representaciones sólo adquieren eficacia por las relaciones que establecen entre sí.
La distancia entre Brentano y Freud se hace todavía más evidente cuando se examina una distinción que será decisiva para toda la metapsicología freudiana: la diferencia entre representación-cosa y representación-palabra. Esta oposición no se encuentra en la obra de Brentano. Para el filósofo alemán, toda representación constituye un acto intencional dirigido hacia un objeto, ya sea éste real o imaginario (Brentano, 1874), pero no existe una diferenciación sistemática entre registros de la representación.
Freud llegará a esta formulación por un camino completamente distinto. Sus investigaciones neurológicas sobre las afasias le permitieron advertir que la relación entre las palabras y las cosas no constituye una unidad inmediata, sino una articulación compleja. En Sobre la concepción de las afasias (1891), y posteriormente en Lo inconsciente (1915), sostiene que el inconsciente está constituido por representaciones-cosa, es decir, por huellas mnémicas ligadas directamente a la experiencia cargada de excitación, mientras que el sistema preconsciente-consciente incorpora las representaciones-palabra, haciendo posible que esas huellas se articulen al lenguaje y accedan a la conciencia. Entonces la palabra no reproduce la cosa, sino que establece con ella una ligadura.
Esta distinción posee una consecuencia clínica de enorme importancia. La represión no consiste simplemente en el olvido de una experiencia, sino en la ruptura del nexo entre las representaciones-cosa, las representaciones-palabra, la representación-afecto. Allí donde la palabra deja de enlazar la huella mnémica, la representación permanece inconsciente, produciendo manifestaciones: síntomas, sueños, lapsus y chistes. En este sentido, para Freud el trabajo analítico no apunta a dotar un significado exterior a la experiencia, sino que favorece nuevas articulaciones simbólicas capaces de reinscribir aquello que permanecía desligado de la palabra.
Jacques Lacan al releer la metapsicología desde la lingüística estructural, propone que el representante de la representación puede entenderse como un significante: aquello que ocupa el lugar de otra cosa dentro de una cadena simbólica. El inconsciente deja entonces de concebirse como un depósito de representaciones ocultas para ser pensado como una red de significantes que se articulan según leyes propias. En esta perspectiva, el sujeto no es quien domina el lenguaje; por el contrario, el sujeto es un efecto producido por la articulación de los significantes que lo preceden y lo constituyen (Lacan, 1953; 1964).
Esta reformulación también modifica la manera de pensar la relación entre representación y realidad. Lacan distingue aquello que puede inscribirse en la cadena significante de aquello que permanece fuera de toda representación, el das Ding freudiano, la Cosa. Lo real no se identifica con el objeto percibido, sino con aquello que resiste toda simbolización y que sólo puede rodearse mediante los significantes (Lacan, 1959-1960).
Esta lectura también transforma el lugar del afecto. Si para Freud la representación y el afecto poseen destinos diferentes, Lacan subraya que el afecto no representa al sujeto. El afecto constituye una señal de que algo ocurre en la economía subjetiva, pero la estructura del inconsciente se organiza en torno a los significantes. En consecuencia, el trabajo analítico consiste en escuchar cómo se articula el sentido en el significante: en los chistes, los lapsus, los sueños, los síntomas, y las repeticiones que insisten en no inscribirse en la lógica singular del deseo.
Este recorrido, que comienza con la filosofía de Brentano, atraviesa la metapsicología freudiana y encuentra una nueva formulación en la enseñanza de Lacan, permite comprender que el psicoanálisis presta escucha a aquello que insiste más allá de la conciencia y que sólo puede hacerse inscribir en la trama de las palabras. La representación dejó de ser un acto de la conciencia para convertirse en una inscripción inconsciente; y el significante mostró que esa inscripción sólo cobra sentido por las relaciones que mantiene con otras.
Referencia bibliográficas:
Brentano, F. (1926). Psicología desde el punto de vista empírico. Revista de Occidente. (Trabajo original publicado en 1874).
Freud, S. (1891). Sobre la concepción de las afasias (Trad. L. López-Ballesteros y de Torres). En Obras completas. Eireann Press. (Edición digital, ISBN 9782291080787).
Freud, S. (1915). La represión. En Metapsicología (Trad. L. López-Ballesteros y de Torres). En Obras completas. Eireann Press. (Edición digital, ISBN 9782291080787).
Freud, S. (1915). Lo inconsciente. En Metapsicología (Trad. L. López-Ballesteros y de Torres). En Obras completas. Eireann Press. (Edición digital, ISBN 9782291080787).
González Chauvet, G., & Capetillo Hernández, J. (2017). Sobre la influencia de Brentano en el pensamiento freudiano. Historia y Grafía, 48, 141–183.
Lacan, J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1 (Trad. T. Segovia). Siglo XXI Editores.
Lacan, J. (1987). El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (J.-A. Miller, Ed.). Paidós. (Seminario dictado en 1964).
Lacan, J. (1988). El Seminario, libro 7: La ética del psicoanálisis (J.-A. Miller, Ed.). Paidós. (Seminario dictado en 1959-1960).