Del sueño al lenguaje: el retorno de Lacan a Freud

Segunda parte del Retorno a Freud.

Cuando el sueño deja de custodiar el dormir: una crisis en la teoría freudiana 

Una de las tesis más conocidas de Freud afirma que el sueño es “el guardián del dormir y no su perturbador” (Freud, 1900). Esta formulación ocupa un lugar central en La interpretación de los sueños y permite comprender la función que se atribuye al trabajo onírico. Mientras el sujeto duerme, diversas excitaciones —corporales, afectivas o psíquicas— amenazan con interrumpir el reposo. El sueño aparece entonces como una solución elaborada por el aparato psíquico para tramitar esas exigencias sin necesidad de despertar. Soñar sería, en este sentido, una forma de seguir durmiendo.

Sin embargo, la investigación freudiana no se detuvo allí. Quince años más tarde, en las Conferencias de introducción al psicoanálisis, Freud reformula la cuestión en términos ligeramente diferentes. Allí sostiene que “el sueño procura eliminar los estímulos psíquicos perturbadores del dormir por la vía de la satisfacción alucinada” (Freud, 1915-1916). La diferencia puede parecer sutil, pero resulta decisiva. Ya no se trata únicamente de afirmar que el sueño protege el dormir, sino de explicar cómo lo hace. La respuesta freudiana consiste en señalar que el sueño ofrece una satisfacción alucinatoria a aquellas exigencias que, de otro modo, podrían producir el despertar. El deseo encuentra una realización sustitutiva en la escena onírica y, gracias a ello, el dormir puede continuar.

No obstante, el propio Freud comenzó a advertir que esta explicación encontraba límites. La experiencia clínica mostraba que no todos los sueños conseguían preservar el reposo. Algunos producían precisamente el efecto contrario: despertaban al sujeto en medio de la angustia. En Adición metapsicológica a la doctrina de los sueños, Freud reconoce explícitamente esta dificultad cuando afirma que “cuanto más fuertes son las investiduras pulsionales inconscientes, tanto más lábil es el dormir” y que, en determinadas circunstancias, “el yo renuncia a dormir porque teme a sus sueños” (Freud, 1915-1917). Esta observación introduce una fisura en la teoría inicial. Si el sueño tiene la función de proteger el dormir, ¿cómo comprender aquellos casos en los que el sujeto despierta precisamente a causa del sueño? 

Lejos de ocultar esta contradicción, Freud la convierte en un problema de investigación. Allí reside uno de los rasgos más notables de su obra y de su propio deseo. En lugar de forzar los hechos clínicos para que encajen en una teoría previamente establecida, permite que la clínica interrogue permanentemente sus propias formulaciones. Entonces, el sueño deja entonces de aparecer únicamente como una formación destinada a preservar el reposo y comienza a revelar algo más inquietante: se hacen presentes pulsiones cuya intensidad puede llegar a desbordar las soluciones que el propio aparato psíquico intenta construir.

Desde esta perspectiva, las aparentes contradicciones de Freud no constituyen errores ni rectificaciones menores. Representan momentos privilegiados de elaboración teórica. Allí donde la teoría del sueño como cumplimiento de deseo encuentra dificultades, comienza a perfilarse una nueva pregunta acerca de la relación entre el sujeto y aquello que insiste más allá de su voluntad consciente. Estas tensiones conducirán progresivamente a Freud, tres años más tarde, hacia la compulsión a la repetición en Más allá del principio de placer (1920), y nueve años después a formalizar el estatuto de la angustia en Inhibición, Síntoma y Angustia (1926).

La interpretación de los sueños: de la búsqueda de significados a la lógica del significante

Las elaboraciones de Jacques Lacan sobre el lenguaje y el significante encontraron en Oscar Masotta a uno de sus introductores más rigurosos a la lengua castellana, especialmente a la Argentina. En Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan (1993), Masotta retoma el problema de la interpretación de los sueños para mostrar que el descubrimiento freudiano no puede reducirse a una técnica destinada a revelar significados ocultos. Lo que está en juego es una transformación radical en la manera de concebir el trabajo del sueño y el de la interpretación.

Masotta distingue tres modos de aproximación al fenómeno onírico. El primero corresponde a la lectura popular o global, aquella que considera al sueño como una totalidad cerrada cuya significación podría captarse de manera inmediata. El segundo remite a las interpretaciones simbólicas tradicionales, basadas en diccionarios de símbolos y equivalencias universales que pretenden descifrar el sueño mediante códigos previamente establecidos. Finalmente, el tercer modo es el propiamente psicoanalítico. A diferencia de los anteriores, no busca descubrir un significado oculto, sino poner en marcha una serie de asociaciones capaces de conducir al sujeto hacia los significantes que organizan su posición inconsciente, y por tanto, que comandan su vida.

La diferencia es decisiva. Mientras las lecturas populares y simbólicas parten de la premisa de que el sueño encierra un mensaje que debe ser descodificado, el psicoanálisis introduce una lógica completamente distinta. La interpretación no funciona como una llave que abre una puerta secreta ni como un diccionario que traduce imágenes en significados. La llamada vía regia al inconsciente es, más bien, un recorrido. Lo esencial no es encontrar qué quiere decir un sueño en términos generales, sino seguir el camino que el propio sueño abre a través de las asociaciones singulares del sujeto.

Esta posición encuentra su fundamento en la teoría del significante desarrollada por Lacan. Como señala Masotta, “la propiedad del significante es que por sí mismo no remite al significado, sino que en realidad remite a otros significantes y al sistema de las relaciones entre ellos” (Masotta, 1993, p. 35). Esta formulación posee consecuencias clínicas de gran alcance. Si el inconsciente está estructurado como un lenguaje, entonces el trabajo analítico no consiste en atribuir sentidos fijos a los elementos del sueño, sino en escuchar las asociaciones que cada significante establece con otros significantes. La interpretación no apunta al significado oculto de una imagen onírica, sino a la red de palabras que esa imagen pone en movimiento.

Desde esta perspectiva, el sueño adquiere el estatuto de un relato. Sin embargo, no se trata de cualquier relato. Cuando el soñante cuenta un sueño, algo insiste en ser dicho. Masotta formula esta cuestión mediante una pregunta aparentemente sencilla: “¿Por qué hay relato? ¿Por qué hay algo que contar?” (Masotta, 1993, p. 35). La respuesta remite a una temporalidad compleja que atraviesa toda la experiencia analítica. Hay relato porque algo ocurrió, pero también porque aquello que ocurrió continúa actuando en el presente. Hay relato porque existe una trama inconclusa que sigue produciendo efectos y reclama una elaboración.

Este punto resulta especialmente fecundo para pensar la interpretación de los sueños. El sueño no constituye únicamente una escena aislada producida durante la noche. Se encuentra articulado entre diferentes tiempos de la experiencia subjetiva. Algo del pasado retorna bajo nuevas formas, se enlaza con escenas actuales y se proyecta hacia un porvenir aún abierto. Aunque Masotta no emplea explícitamente el concepto freudiano de regresión y retorno en este pasaje, su reflexión permite advertir cómo el sueño se organiza a partir de una temporalidad retroactiva en la que los acontecimientos adquieren nuevos sentidos a medida que son reinscriptos en otras cadenas significantes.

De este modo, la interpretación analítica se distancia tanto de las explicaciones psicológicas simplificadoras como de las hermenéuticas tradicionales del símbolo. El sueño no es una alegoría universal ni un mensaje cifrado que espera ser traducido. Tampoco constituye una mera descarga emocional o un fenómeno neurofisiológico carente de sentido. Es una formación del inconsciente cuya lógica sólo puede ser captada siguiendo los desplazamientos de la palabra y las asociaciones singulares de quien sueña.

Del trabajo del sueño al trabajo de la interpretación: Lacan y el retorno a Freud

Si Freud descubrió en el sueño la vía regia de acceso al inconsciente, Jacques Lacan se preguntó qué era exactamente aquello a lo que dicha vía permitía acceder. La respuesta no consistió en corregir a Freud sino en releer su obra desde una perspectiva estructural, desde la lógica del significante. El retorno a Freud propuesto por Lacan parte de una convicción fundamental: los hallazgos freudianos sólo revelan toda su potencia cuando se los comprende a partir de la lógica del lenguaje.

Ya en las primeras páginas de La interpretación de los sueños, Freud sostiene que existe una técnica capaz de interpretar a los sueños y demostrar que estos constituyen productos psíquicos dotados de sentido, susceptibles de ser integrados al conjunto de la vida anímica (Freud, 1900). Esta afirmación implica una ruptura decisiva con las concepciones que consideraban al sueño una actividad cerebral caótica o un fenómeno sin significación. El sueño puede interpretarse porque posee una estructura. Sin embargo, la pregunta acerca de la naturaleza de esa estructura permanecerá abierta y encontrará nuevas formulaciones décadas más tarde.

Es precisamente sobre este punto donde interviene Lacan. En La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud (1957), afirma que “es toda la estructura del lenguaje lo que la experiencia psicoanalítica descubre en el inconsciente”. Esta formulación desplaza el problema desde el terreno de las representaciones hacia el campo del significante. Desde esta perspectiva, la vía regia inaugurada por Freud no conduce a un depósito oculto de imágenes, recuerdos o reminiscencias no siempre accesibles a la consciencia. Lo que un psicoanálisis encuentra son articulaciones significantes, cadenas de palabras, equívocos, desplazamientos que organizan la experiencia subjetiva más allá de la conciencia.

Esta lectura permite releer de manera novedosa el propio trabajo del sueño descrito por Freud. La condensación y el desplazamiento dejan de ser considerados simples mecanismos del inconsciente, y por tanto, del sueño como formación del inconsciente, para adquirir un estatuto estructural. Lacan mostrará que la condensación opera según una lógica homóloga a la metáfora, mientras que el desplazamiento funciona de manera análoga a la metonimia. Allí donde Freud descubría operaciones fundamentales de la elaboración onírica, Lacan reconoce las mismas leyes que organizan el funcionamiento del lenguaje. El sueño aparece entonces como un texto que debe ser leído antes que descifrado, que debe ser cifrado antes que descifrado, interpretado antes que traducido.

Esta reformulación permite comprender mejor otra observación fundamental de Freud. En sus Conferencias de introducción al psicoanálisis, señala que el sueño no coincide con aquello que el soñante recuerda al despertar. Lo que se presenta inmediatamente a la conciencia es el contenido manifiesto, mientras que los pensamientos oníricos latentes permanecen ocultos tras las deformaciones producidas por el trabajo del sueño (Freud, 1915-1917). La interpretación no consiste, por lo tanto, en atribuir significados universales a determinadas imágenes, sino en reconstruir el camino que conduce desde el relato manifiesto hacia las articulaciones inconscientes que lo sostienen, hacia la trama infantil y pretérita que se repite.

Desde esta perspectiva, la deformación onírica deja de ser un obstáculo para convertirse en una condición necesaria del trabajo analítico. El inconsciente no se presenta de manera directa. Habla mediante desplazamientos, condensaciones, omisiones y sustituciones. Precisamente por ello el sueño puede ser leído como una formación del inconsciente. No porque revele una verdad oculta de manera transparente, sino porque la oculta al mismo tiempo que la expresa.

Esta es la razón por la que Lacan afirmará en Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953) que basta abrir cualquier página de Freud para advertir que todo lo que allí se descubre acerca del inconsciente remite al lenguaje. El retorno a Freud no implica entonces una vuelta nostálgica a los textos fundacionales, sino la recuperación de aquello que constituye la originalidad misma del descubrimiento freudiano: que el sujeto se encuentra determinado por una red simbólica de palabras que lo precede, que se manifiesta de manera privilegiada en sus sueños, sus lapsus, sus síntomas, sus actos fallidos, en aquello que se repite y no deja de insistir en repetirse.

En consecuencia, interpretar un sueño en un psicoanálisis no consiste en encontrar su supuesto significado verdadero ni en traducirlo mediante un código simbólico universal. La interpretación apunta a localizar los significantes que organizan la posición singular desde la cual el sujeto se enuncia, a seguir los desplazamientos de la palabra y a escuchar las asociaciones que cada sueño pone en movimiento. Desde la enseñanza de Lacan, el valor clínico del sueño no reside tanto en las imágenes que presenta como en la trama significante que esas imágenes encubren y hacen posible. Allí donde Freud descubrió la vía regia hacia el inconsciente, Lacan mostró que esa vía estaba construida, desde el comienzo, con los materiales del lenguaje, es decir, por palabras.

Retornar a Freud desde los sueños implica, entonces, recuperar una enseñanza fundamental. La interpretación no consiste en decirle al sujeto qué significa su sueño. Consiste en crear las condiciones para que pueda recorrer las cadenas significantes que ese sueño pone en juego. Allí donde la lectura popular busca respuestas rápidas y las interpretaciones simbólicas ofrecen significados prefabricados, el psicoanálisis sostiene una apuesta diferente: escuchar en el sueño la singularidad irreductible de un sujeto y la manera en que su deseo se inscribe en el lenguaje. Quizá sea esta la razón por la cual, más de un siglo después de La interpretación de los sueños, la vía regia descubierta por Freud continúa conservando toda su vigencia clínica y su potencia para interrogar las formas contemporáneas del sufrimiento subjetivo.

Referencias bibliográficas: 

Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. En Obras completas (Trad. L. López-Ballesteros y de Torres, ed. digital). Eireann Press.

Freud, S. (1916). Introducción al psicoanálisis. Parte II: El sueño. En Obras completas (Trad. L. López-Ballesteros y de Torres, ed. digital). Eireann Press.

Freud, S. (1917). Adición metapsicológica a la doctrina de los sueños. En Metapsicología (Trad. L. López-Ballesteros y de Torres, ed. digital). Eireann Press.

Lacan, J. (2008). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1 (Trad. T. Segovia). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1953).

Lacan, J. (2008). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. En Escritos 1 (Trad. T. Segovia). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1957).

Masotta, O. (1993). Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan. Paidós. (Trabajo original publicado en 1975).

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