El psicoanálisis con niños, niñas y adolescentes: la palabra, el juego y la construcción de un lugar para el sujeto.

Un trabajo psicoanalítico posible.

Con frecuencia se piensa que el psicoanálisis con niños, niñas y adolescentes consiste en una adaptación del tratamiento de los adultos. Sin embargo, la tradición inaugurada por Sigmund Freud y desarrollada por Melanie Klein, Françoise Dolto y puntualizada por Jacques Lacan, sostiene una posición muy diferente. La especificidad de esta clínica no radica en la existencia de otro inconsciente ni de una técnica completamente distinta, sino en el hecho de que se trata de sujetos cuya constitución subjetiva se encuentra en pleno proceso de estructuración.

Desde esta perspectiva, el niño no es considerado un adulto incompleto ni un objeto de educación o corrección de conductas desde vías yoicas. Sino que la clínica con un niño, una niña o un adolscete, implica verse de frente al sujeto del inconsciente que se manifiesta en el lenguaje, así como sucede en un adulto. Dolto (1971) insistió en que el psicoanálisis con niños es un psicoanálisis en sentido pleno, siempre que el analista pueda escuchar aquello que el niño enuncia mediante su palabra, su cuerpo, sus dibujos, sus silencios y sus juegos. La tarea analítica consiste precisamente en ofrecer un espacio donde esas producciones puedan adquirir un valor de enunciación y no ser reducidas a simples conductas que deban clasificarse o corregirse.

Esta orientación también permite comprender el lugar que ocupan los materiales de juego dentro de un tratamiento. Plastilinas, masas para modelar, hojas, lápices, muñecos o construcciones no poseen significados universales previamente establecidos. En la enseñanza de Jacques Lacan, se revisa que el interés del analista no recae sobre el objeto en sí mismo, sino sobre la función que adquiere dentro del discurso del sujeto. Es decir que los juguetes son significantes que participan de una cadena singular de asociaciones. No es de interés la interpretación de la elección de un muñeco o una construcción de un modelado como si existiera un código simbólico fijo, sino escuchar cuáles son las pulsiones que buscan tramitarse vía la palabra de cada niño (Lacan, 1964).

La contribución de Melanie Klein resulta decisiva: que el juego ocupa, en el análisis infantil, una función equivalente a la asociación libre en el adulto. A través del juego, el niño despliega conflictos, fantasías, temores y deseos que no siempre puede expresar mediante un relato organizado. Como sostiene Klein (1932), la técnica del juego permite acceder al inconsciente infantil aplicando los mismos principios fundamentales que orientan el psicoanálisis de los adultos. No se trata de interpretar el juego desde afuera, sino de escuchar la lógica singular que se despliega en él.

La propia obra de Freud ya anticipa esta perspectiva. En Más allá del principio de placer, al describir el célebre juego del fort-da, observa que el niño transforma en juego experiencias que le resultaron penosas, logrando apropiarse activamente de aquello que inicialmente había vivido de manera pasiva (Freud, 1920). 

En palabras de Alba Flesler (2007), un juego debidamente interpretado en un psicoanálisis infantil distribuye los goces, permite habilitar tiempos en la estructuración subjetiva, autoriza las funciones parentales, juega a favor de la pérdida de sufrimiento, faculta la elaboración de la experiencia que insiste en irrumpir vía la conducta para que se inscriba por la palabra, inaugura la simbolización. En este sentido, jugar constituye una modalidad privilegiada de elaboración y reelaboración psíquica.

Lacan profundizará esta orientación al afirmar que el análisis del niño no difiere estructuralmente del análisis del adulto, porque el sujeto del inconsciente es el mismo (Lacan, 1969). Lo que cambia no es la estructura del inconsciente, sino las modalidades mediante las cuales el sujeto logra poner en circulación su palabra. Por ello, el analista no escucha únicamente lo que el niño dice, sino también aquello que se produce en la articulación entre palabras, silencios, movimientos, juegos, dibujos y modelados. Todas estas producciones pueden adquirir valor significante cuando son situadas en la transferencia.

El psicoanálisis con niños, niñas y adolescentes constituye así una práctica ética antes que una técnica de intervención. Su objetivo no consiste en adaptar al niño a expectativas familiares o escolares ni en normalizar sus conductas. Se trata de ofrecer un espacio donde cada niño, niña o adolescente pueda encontrar una forma singular de poner en palabras aquello que lo interroga, lo angustia o le produce sufrimiento. En una época atravesada por clasificaciones diagnósticas cada vez más tempranas y por respuestas estandarizadas frente al malestar infantil, el psicoanálisis continúa apostando por una escucha que reconoce, en cada menor, a un sujeto irreductible a cualquier etiqueta.

Referencias bibliográficas: 

Dolto, F. (1971). Psicoanálisis y pediatría. Siglo XXI Editores.

Dolto, F. (1984). La imagen inconsciente del cuerpo. Paidós.

Flesler, A. (2007). El niño en análisis y el lugar de los padres. Paidós.

Flesler, A. (2011). El niño en análisis y las intervenciones del analista. Paidós.

Freud, S. (1920/2016). Más allá del principio de placer. En Obras completas (Trad. L. López-Ballesteros y de Torres). Eireann Press. (Edición digital, ISBN 9782291080787).

Klein, M. (1932/1987). El psicoanálisis de niños. Paidós.

Lacan, J. (2008). El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (J.-A. Miller, Ed.). Paidós. (Seminario dictado en 1964).

Lacan, J. (2012). Nota sobre el niño. En Otros escritos. Paidós. (Trabajo original publicado en 1969).

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